La sombra del interminable edificio congelaba mis huesos, bajaba mis animos. La gente corria de una esquina a otra, caminando simetricamente entre las baldosas nuevas, blancas y negras, de esa interseccion citadina olvidada.
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Me sumerjo en el cemento, esquivo las miserables vidas que se cruzan en mi camino, me rodean a zancadas, entre solo y sombra, con los sombreros en las manos y las achuecadas.
6.3.08
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