4.2.08

El Espanta Personas caminaba impaciente por entre los bosques de su mente. Caminaba solitario, abrazado a su destino en la ruina, observaba el sol cada dia en el amanecer y cantaba con él melodias de muerte en el crepusculo. La luna siempre estaba enojada con el Espanta Personas, discutian sobre filosofia todas las noches, como si les faltara eternidad para pensar problematicas existenciales. Antes de dormir era sagrado leer alguna pequeña reseña de Nietszche, besar lujuriosamente a la desolada muerte y observar el rio a lo ojos para soñar placidamente...

Al despertar el Espanta Personas limpiaba su vieja piel de trapo y vestia con tunicas oscuras, sombrero de copa y botas de cuero negro, luego escapaba de su mente a la realidad para seguir sin rumbo una historia sin historia y sin final.

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