Las esquinas son más grises de lo normal,
mi gente se prohibe a si misma mirar a los ojos,
conversar con el reflejo de los espejos,
o morir decentemente sobre el piso entierrado.
Las mentes se abren y se encierran,
camina soberbia el hambre y el poder en su ciudad maldita,
ciudad envenenada con grueso techo de carbon,
y humo de almas como brisas muertas.
Si me deprime vivir de dia, me asusta vivir de noche,
la quimica de los cuerpos desatan terror,
de grandes colmillos injusticias ciegas,
bajo la mano de acero infernal.
5.2.08
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